
El debut de ExpoROCK en A Coruña no ha sido solo un festival, sino una auténtica toma de posesión. El pasado 14 de marzo, el recinto de ExpoCoruña se transformó en un templo de gasolina, cuero y distorsión. Con más de 4.500 asistentes y un ambiente eléctrico desde las primeras horas, la ciudad herculina demostró que el rock sigue teniendo un hogar inexpugnable en el norte. La jornada fue una montaña rusa de intensidades que culminó en una noche histórica.
Aquí tienes el repaso, banda a banda, de lo que dio de sí esta primera edición:
Agoraphobia: El despertar eléctrico
Las encargadas de abrir fuego a mediodía fueron las gallegas Agoraphobia. Jugar en casa siempre es un plus, pero defender un escenario tan imponente a plena luz del día requiere una actitud que a ellas les sobra. Con un sonido compacto y muy directo, lograron que los primeros valientes que se acercaron al recinto olvidaran rápidamente el café para sustituirlo por los primeros “riffs” de la jornada. Su rock alternativo, cargado de garra y personalidad, fue el pistoletazo de salida perfecto para un día que prometía emociones fuertes.
Talco: El vendaval de ska-punk
Desde Italia llegaban Talco para poner la nota festiva y acelerada a la sesión matinal. Con su habitual mezcla de ska, punk y ritmos folk, la banda convirtió la pista en un hervidero de bailes y “pogos” tempraneros. Su sección de vientos rugió con una precisión envidiable, y temas como La Torre o Danza dell’Autunno Rosa consiguieron elevar la temperatura del pabellón varios grados. Fue el chute de adrenalina necesario antes del breve descanso para reponer fuerzas en la zona de las Harley-Davidson.

Ciclonautas: Rock de pura cepa
Tras el parón de la tarde, la música regresó de la mano de Ciclonautas. El trío ofreció un recital de rock crudo, con ese sabor a asfalto y desierto que tanto les caracteriza. Con Mai Medina a la cabeza, la banda desplegó un sonido denso y elegante, ideal para ir caldeando el ambiente de cara a los platos fuertes. Su paso por ExpoROCK confirmó que son una de las formaciones más sólidas del panorama actual, capaces de atrapar tanto al seguidor del rock más clásico como al que busca matices nuevos y stoner.
El Drogas: El maestro de ceremonias (Lo mejor de la noche I)
Cuando Enrique Villarreal, El Drogas, pisó el escenario, el festival cambió de dimensión. Con su bastón de mando y esa presencia escénica que solo dan décadas de carretera, ofreció uno de los mejores conciertos de la noche. Repasó con una generosidad asombrosa el legado de Barricada, haciendo que las 4.500 gargantas rugieran himnos como No hay tregua o Blanco y Negro. Su voz, curtida en mil batallas, sonó más auténtica que nunca, y su capacidad para conectar con el público coruñés dejó claro por qué es, sencillamente, una leyenda viva que no necesita artificios para reinar.
M-Clan: Clase, alma y aniversario (Lo mejor de la noche II)
En plena celebración de su 30º aniversario, M-Clan dio una lección magistral de lo que debe ser un espectáculo de rock con alma. Carlos Tarque volvió a demostrar que es, posiblemente, el mejor vocalista del país, dominando el escenario con un carisma arrollador mientras la banda sonaba impecable tras él.
El momento en el que sonó Miedo puso la piel de gallina a todo el recinto, creando una comunión mágica entre el grupo y la audiencia. Mezclaron a la perfección su vertiente más sureña y rockera con esos clásicos coreables que ya forman parte del ADN cultural de todos los allí presentes.

Soziedad Alkoholica: El muro de sonido (Lo mejor de la noche III)
El contraste fue brutal pero necesario. Soziedad Alkoholica (S.A.) saltó a escena para demoler los cimientos de ExpoCoruña con su habitual descarga de thrash, hardcore y mala leche. Fue, técnicamente, el concierto más potente y ensordecedor del festival. Juan y los suyos no dieron un segundo de respiro, encadenando trallazos como Piedra contra tijera o Nos vimos en Berlín con una precisión quirúrgica. Los mosh pits se multiplicaron en una pista que se rindió ante la contundencia de una banda que sigue siendo el referente absoluto del sonido más extremo y combativo.
Obús: El último rugido
Para cerrar la velada, cuando las fuerzas ya empezaban a flaquear pero el espíritu seguía intacto, aparecieron los veteranos Obús. Fortu, con su incombustible energía y ese punto de showman que tanto gusta, supo mantener el listón alto pasadas las dos de la mañana. Fue un fin de fiesta nostálgico y divertido, donde el heavy metal ochentero tomó el relevo para recordarnos que Vamos muy bien. Entre bromas, solos de guitarra épicos y cuernos al aire, Obús puso el broche de oro a una jornada maratoniana que terminó a las 03:30 con la sensación de haber asistido al nacimiento de algo grande.


