Último día do Hellfest, e a sensación dunha añoranza futura polo final do festival, mesturada co cansancio e a resaca, facía que este último día o empezáramos de xeito un pouco melancólico. A verdade é que o cartaz deste cuarto día non era o mellor dos catro. A oferta nu-metaleira e hip-hopeira non nos atraía moito, pero coma sempre tiñámonos que mergullar no cartaz, para facer unha ruta que satisfixera os nosos intereses, e vaia se o fixo.
O terceiro día do Hellfest 2025 ergueuse con esa mestura de resaca e esgotamento, que só coñece quen leva dous días mergullado no po, no ruído, no tumulto e na felicidade compartida. O corpo xa non respondía igual, pero a cabeza seguía pedindo guerra. E o cartel deste sábado variado, histórico e por momentos absolutamente esmagador, parecía feito a medida para poñer a proba tanto a resistencia física como a emocional.
Viveiro tiene esa magia rara: durante unas horas es costa, polvo y brisa; y, al minuto siguiente, es un santuario de amplis donde lo cotidiano desaparece. Resurrection Fest 2025 se vivió como se viven las ediciones que se te quedan en el cuerpo: con decisiones pequeñas que lo cambian todo (qué escenario, qué hueco, qué banda “por probar”) y con una banda sonora que te acompaña incluso cuando ya estás de vuelta al camping, hablando a gritos como si el silencio fuese una traición.
Esta crónica no va de verlo todo (nadie puede), sino de recorrer el festival por días a través de los conciertos que marcaron el pulso: desde el peso de los nombres históricos hasta la sorpresa de los que te atrapan sin pedir permiso. Cuatro jornadas, cuatro estados de ánimo.
Día 1 —Una bienvenida con dientes
El primer día tiene esa mezcla de ilusión y ajuste de cuentas con el terreno: llegar, ubicarse, asumir que vas a caminar más de lo que habías aceptado mentalmente y empezar a calibrar el sonido “del Resu”. Y, aun así, la jornada entró fuerte desde el principio.
Arabrot abrió la experiencia como debe abrirse un festival de guitarras: con algo que no busca caer bien, marcando un tono áspero y tenso, de esos directos que entran mejor si se asume lo incómodo como parte del encanto. Si bien es cierto, hubo ciertos problemas de sonido que no tardaron en solucionarse. Después, The Southern River Band cambió el registro con rock más directo y de sala pequeña, ideal para activar a la gente temprano y dejar un concierto fácil de seguir aunque no se viniera de casa con el repertorio aprendido. En lo alto del día quedó Judas Priest, con el tipo de show que se sostiene en himnos que suelen caer sí o sí: “Breaking the Law”, “Painkiller”, “You’ve Got Another Thing Comin’” o “Living After Midnight”.El cierre emocional del día lo puso Pentagram, con esa aura de culto que convierte el doom en ceremonia. No es un concierto para saltar sin pensar: es un concierto para dejar que el riff te pese en los hombros. Después de Judas Priest, Pentagram fue como bajar la luz del cuarto, pero subir la intensidad. Oscuro, denso, hipnótico. Perfecto para terminar el día con la sensación de que ya has cruzado la puerta y no hay vuelta atrás.
Día 2 —Del trance al golpe
El segundo día ya se vive distinto: ya hay rutina, ya hay polvo en las zapatillas y el cuerpo empieza a entender el “ritmo Resu”. A cambio, la música entra más directa.Fue el día más de contraste. Messa aportó una actuación atmosférica, apoyada en ese rock/doom elegante de su etapa Close (con cortes como “Suspended” o “Dark Horse” como referencias claras del sonido actual). Seven Hours After Violet llegaban con el interés de ser un proyecto reciente liderado por Shavo Odadjian y con un debut homónimo muy cercano en el tiempo, con singles como “Paradise”, “Alive” o “Radiance” que ya circulaban fuerte; aun así, fue el punto flojo del día: set con menos pegada de la esperada y sensaciones irregulares (más por resultado global que por falta de nombre o expectativa). Luego Conan metieron el bloque más denso, con ese “muro” lento de su etapa Evidence of Immortality (muy de riff pesado y tempi aplastados). Till Lindemann llevó el tramo más teatral del jueves, en línea con su disco Zunge y temas del repertorio solista como “Ich hasse Kinder” o “Zunge”, donde el show pesa tanto como las canciones. El Altar del Holocausto cambió a un formato instrumental y de desarrollo largo, pero con un despliegue en el escenario que hizo que la gente se volcara a tope en el concierto y el cierre con KoRn fue el más efectivo para terminar arriba: suelen sostener estos sets con clásicos inevitables (“Blind”, “Freak on a Leash”, “Falling Away from Me”, “Here to Stay”), y aquí funcionó como final redondo de jornada. Riffs reconocibles al segundo, energía de clásico que no ha perdido mala leche y un público entregado que ya venía con el día en modo “sin frenos”. KoRn fue ese final que te deja la garganta hecha polvo y la cabeza feliz.
Día 3 —El día más suave, pero no tranqullo
El tercer día se plantea con una idea clara: bajar un punto y elegir por gusto, no por obligación. Y se agradece. Porque el Resu también es eso: decidir que no pasa nada por saltarse cabezas de cartel si no te interesan, y que tu festival lo construyes tú.
La carga emocional del día la repartieron bien estilos muy distintos: Aphonnic destacó especialmente por el componente “de casa”: banda gallega tocando en el escenario principal del que es, seguramente, el festival fetiche de la banda, con un momento muy comentado por el gesto de sacar la bandera de Palestina, tras haber anunciado los días previos del festival la donación de lo cobrado en el festival en apoyo al pueblo palestino. Soen aportaron el tramo más pulido y melódico, muy en la línea de su etapa Memorial (con ese enfoque progresivo accesible y estribillos grandes). Derby Motoreta Burrito Kachimba rompieron la dinámica típica del metal con un concierto más psicodélico y rockero, de esos que refrescan el día porque cambian el tipo de “movimiento” del público. Harakiri For The Sky devolvieron la intensidad larga y más oscura, y Angelus Apatrida cerraron como apuesta segura: thrash directo, veloz y con esa sensación de banda que en festival rara vez falla. Thrash con oficio, energía de casa jugando en casa y un público que responde porque sabe que con ellos no hay relleno. Fue el concierto perfecto para cerrar la jornada con adrenalina, sin tener que mirar el horario de los grandes nombres.
Día 4 — El final que se convierte en historia
El cuarto día tiene un sabor especial: por un lado quieres estirar el tiempo; por otro, sabes que el cuerpo ya va con lo justo. Y ahí es cuando los conciertos que valen la pena se sienten el doble.
Slomosa fue gasolina fresca: stoner con gancho, riffs que entran fáciles. Llegaron con el empuje de Tundra Rock (2024), muy de riff stoner con gancho; “Cabin Fever” o “Battling Guns” encajan perfecto para esa franja de festival. Russian Circles ofrecieron uno de los conciertos más sólidos por dinámica: instrumentales que crecen y aprietan, combinando material de Gnosis (2022) con clásicos muy celebrados como “Harper Lewis”. Vader pusieron el tramo más “a piñón”: metal rápido y sin pausa. Slipknot cumplieron el papel de gran espectáculo (set sostenido normalmente por hits como “Duality”, “Psychosocial” o “Spit It Out”), pero el punto más alto del día y del festival, por impacto fue Zeal & Ardor: por personalidad y por cómo suena esa mezcla, con guiños a temas clave como “Devil Is Fine” o “Blood in the River” y con el contexto de venir de Greif (2024), que además fue su primer álbum grabado como banda completa. El cierre con Skindred fue el “final para salir contento”, apoyado en su fórmula festiva y en la etapa de Smile (2023), con canciones de empuje fácil y actitud de concierto para despedirse bailando más que sufriendo.
Insistimos que si hay un nombre que señalar con claridad, es Zeal & Ardor. Y se entiende. Porque cuando una banda tiene identidad propia y además lo clava en directo, el concierto se vuelve “evento”. Esa mezcla de oscuridad, groove y sorpresa constante los hace distintos a todo lo demás del cartel. No fue solo calidad: fue personalidad. Y en un festival así, eso se recuerda.
Esperamos con ansiedad la edición de 2026 que seguro que, de nuevo, harán de Viveiro la capital del metal en España.
Apoarente o segundo día do Hellfest 2025 (venres 20 de xuño) era o máis frouxo dos catro. A proposta dos Mainstage con bandas como Muse, Epica ou Within Temptation, non nos atraía demasiado. e todo indicaba a que non íamos a pisar o Mainstage en toda a xornada. Pero no Hellfest as cousas son impredecibles, sobretodo cando a festa do día anterior remata ata longas horas da madrugada e tes que voltar a Nantes a “durmir”. Estas circunstancias fixeron que entráramos no recinto máis tarde do que esperábamos.
Baixo un sol abrasador e cun recinto que xa amosaba sinais de desgaste físico pero non emocional, a consigna que sobrevoaba Clisson era clara: vive o momento e disfruta ao máximo. e iso foi o que fixemos este grupo de Pelletiers, deixar as resacas a parte, e poñernos man a obra nunha xornada, que nos sorprendería para ben.
Un dos primeiros golpes de realidade chegounos da man de Dopethrone. Os canadienses nunha actuación abafante, e case asfixiante converteron o seu concerto nun muro de son lento e esmagador. O seu sludge, sucio e sen concesións, comparte co punk a súa esencia máis nihilista e confrontativa. Sen apenas interacción co público, deixaron que a súa música falase por eles mesmos: riffs pesados, repetitivos, e unha sensación constante de colapso inminente. Foi unha experiencia máis física que emocional, un recordatorio de que a incomodidade tamén forma parte do espectáculo, sobretodo pola calor sofocante que soportábamos no Valley.
Como dixen, todo parecía a que non íamos visitar os Mainstages, pero un servidor tiña unha deuda cun grupo clásico que non se podía perder. The Cult tocaban e non me podería perdoarme perderme o concerto dos británicos
A actuación de The Cult no Hellfest 2025 foi unha mostra de elegancia e solidez, cunha posta en escena sobria pero efectiva, a banda británica apostou pola forza das súas cancións, demostrando que non precisa artificios, nin grandes parafernalias para conectar co público.
Dende o inicio, o son destacou pola súa claridade e equilibrio, cunha base rítmica firme e guitarras envolventes. Un dos momentos máis celebrados chegou con “Fire Woman”, que acendeu definitivamente á audiencia, combinando esa melodía propia do grupo con eses aires de misterio que funcionan á perfección. Máis adiante, “She Sells Sanctuary” converteuse nun auténtico punto álxido: recoñecible dende o primeiro acorde, foi coreada por boa parte do público, creando unha atmosfera de comunión entre milleiros de asistententes.
Ian Astbury mantivo unha presenza escénica carismática, mentres Billy Duffy construía paisaxes sonoras cheas de matices. A banda moveuse con comodidade entre a contundencia e a melodía, ofrecendo un concerto fluído e coherente.
Nun Hellfest onde moitas propostas apostan polo impacto inmediato, con grandes produccións audiovisuais; The Cult destacaron pola súa capacidade para crear intensidade dende a contención. O seu directo foi menos explosivo, pero máis profundo, demostrando que o rock tamén pode emocionar sen necesidade de excesos.
Despois do vivido cos británicos, e tras “hidratarnos” repetidas veces coa nosa loira particular (“A Girl Called Cerveza”), buscaríamos o relevo emocional co thrash dos teutones Tankard, que ofreceron un concerto radicalmente distinto.
Os alemáns apostaron pola celebración. O seu thrash, rápido e festivo, converteu o público nunha masa en movemento constante. Cervexas no aire, sorrisos cómplices e circle pits espontáneos definiron unha actuación que, sen buscar profundidade, logrou algo igual de importante: conexión inmediata. Tankard demostraron que o espírito thrash aseméllase ao punk tamén, xa que vive na diversión despreocupada e na ruptura momentánea das normas. Temazos como o nomeado “A Girl Called Cerveza”, “Die With a Beer in Your Hand” ou “(Empty) Tankard”, foron dos máis aclamados polo público thrasher, que non parou de poguear nin un intre.
A calor sofocante non nos deixou que nos perdéramos a un dos nosos Pelletiers de Honra, o mesmísimo Bobby Liebling e os seus Pentagram.
Cando Bobby Liebling entrou en escena, o tempo pareceu dobrarse sobre si mesmo. Delgado, espectral, cos ollos afundidos nunha intensidade difícil de describir, máis que liderar a banda parecía invocar algo antigo. Algo que non debería estar alí. Cada xesto seu era imprevisible, como se o corpo fose só un recipiente fráxil para unha enerxía moito máis escura.
O son de Pentagram caeu sobre o público como unha lousa. Riffs lentos, pesados, repetitivos ata o trance, creando unha atmosfera densa, case irrespirable. Non había escape: cada nota afundía un pouco máis, cada silencio pesaba coma unha advertencia. Non era un concerto para gozar, senón para resistir.
Liebling movíase polo escenario como unha figura saída dun pesadelo febril, sorrindo en momentos inadecuados, fixando a mirada en puntos invisibles. A súa voz, fráxil pero penetrante, atravesaba a néboa sonora coma un lamento chegado doutro tempo. Non había conexión tradicional co público; o que había era outra cousa, máis incómoda: unha especie de fascinación compartida, case enfermiza.
Houbo instantes nos que o concerto parecía a piques de romperse, de desmoronarse baixo o seu propio peso. Pero nunca o fixo. Esa tensión constante, ese equilibrio precario, foi precisamente o que o fixo inesquecible.
Cando todo rematou, non houbo explosión nin catarse. Só unha sensación estraña, como espertar dun soño pesado. A xente marchaba en silencio, coma se algo quedase atrás… ou quizais dentro.
Chegaba a hora de The Damned no Hellfest 2025, foi unha desas leccións que só poden dar as bandas que levan case medio século desafiando o tempo. No escenario Warzone, onde o punk respira máis libre ca en ningún outro recuncho do festival, apareceron como o que son: superviventes, pioneiros e, sobre todo, aínda perigosamente vivos.
Dende o primeiro acorde de “Love Song”, o concerto foi un recordatorio de que a enerxía non sempre depende da idade, senón da actitude. Capitaneados por Dave Vanian, cunha presenza escénica elegante e case vampírica, The Damned combinaron o seu son clásico con unha frescura sorprendente. Non soaban como unha banda nostálxica: soaban como unha banda necesaria.
O set moveuse entre a velocidade do punk orixinal e momentos máis melódicos, mantendo sempre esa identidade irreverente que os fixo únicos dende finais dos setenta. Cada tema caía directo, sen rodeos, como pequenas explosións de historia viva. Temas como o clásico de Barry Ryan, “Eloise” (en España máis coñecida pola versión do gran Tino Casal), ou “Fan Club”, ou “New Rose” , que aparecía no disco de versións que fixo Guns ´n Roses, “Spaguetti Incident”, foron dos máis aclamados e coreados polo respetable. Este que era unha mestura de veteranos e de novas xeracións, respondeu cunha entrega total: algún que outro pogo, moitos coros e unha sensación constante de comunidade banda-público.
Houbo algo especial na súa actuación, algo que ía máis alá do musical. Era a sensación de estar diante dunha banda que non só sobreviviu ao paso do tempo, senón que o dobregou á súa vontade. Nun festival cheo de producións xigantes e sons extremos, The Damned apostaron polo esencial: punk rock clásico con actitude e verdade.
Do Warzone ao Valley (e “tiro” por que me toca). A actuación de Hermano no Hellfest 2025 era moi esperada por todolos fans dos sons máis desérticos. Boa parte da culpa tena John Garcia. Non é un frontman de grandes poses nin discursos, pero cando comeza a cantar todo encaixa. A súa voz segue tendo ese punto áspero e cálido ao mesmo tempo, moi recoñecible, e sabe como levala sen forzar. Hai algo nel que transmite calma, a verdade e que non ten nada que demostrar a estas alturas, o ex-vocalista de Kyuss.
O set foi fluíndo con naturalidade, sen picos nin artificios. “My Boy” entrou suave pero firme, desas que van medrando pouco a pouco, e “The Bottle” acabou por meter á xente no peto. Non foi un concerto de explosións, senón de deixar que os temas respiren e vaian facendo o seu camiño. Non sei se era a música ou o “punto” no que estábamos todos, pero había unha especie de equilibrio perfecto entre lucidez e deixarse levar. E cando chegou “Manager’s Special”, xa non quedaba moito que pensar: só estar alí, deixarse ir e gozar dese momento sen máis.
Non foi o concerto máis intenso do día, nin falta que lle fixo. Foi deses que se meten por dentro sen avisar. E mentres marchaba, coa cabeza algo máis solta e o sorriso medio posto, tiven claro que ás veces o mellor do Hellfest pasa xusto cando baixas un pouco o ritmo e te deixas levar.
Para finalizar a xornada, a reinterpretación do legado de Sex Pistols da man de Frank Carter foi, sen dúbida, un dos momentos máis intensos e simbólicos do segundo día do Hellfest 2025. Non era só un concerto: era unha declaración de intencións.
Dende o primeiro momento, Frank Carter deixou claro que non ía limitarse a homenaxear, senón a apropiarse do espírito do punk. A súa actitude foi incendiaria, directa e absolutamente entregada: baixando ao público, provocando, berrando e convertendo cada segundo nun acto de conexión real. Non había distancia entre escenario e audiencia; todo era un mesmo corpo en tensión.
O repertorio funcionou como unha sucesión de himnos xeracionais. “Anarchy in the U.K.” desatou o caos controlado, cun público entregado ao pogo e aos berros colectivos. “God Save the Queen” converteuse nun momento case ritual, coreado con rabia e ironía. E con “Pretty Vacant”, a comunión foi total, demostrando que estas cancións seguen vivas décadas despois.
Pero máis alá das cancións, o que marcou a diferenza foi a presenza de Carter: carismático, imprevisible e auténtico. Non intentou imitar, senón reinterpretar, levando o espírito dos Sex Pistols ao presente con unha intensidade brutal.
Como peche do segundo día, o concerto deixou unha conclusión clara: no Hellfest 2025, o punk non foi só memoria, senón presente. E mentres existan artistas capaces de vivilo así, seguirá sendo necesario. God save the punk.
El Resurrection Fest 2023 dejó una huella imborrable en la memoria de todos los asistentes al festival de Viveiro. Con una alineación estelar y momentos inolvidables, este festival demostró una vez más por qué es uno de los eventos de música extrema más importantes de Europa. Desde el primer día con bandas como Alcest, Behemoth, Amenra y Ghost como cabeza de cartel, hasta el cierre del sábado con Soulfly, Parkway Drive y Mono, cada jornada ofreció experiencias únicas. Sin embargo, la jornada histórica fue la del jueves con la apoteósica actuación de Pantera quien marcó un hito histórico con su presentación, considerada por muchos como el mejor concierto del festival.
Día 1: Apertura a lo grande
El primer día del Resurrection Fest 2023 comenzó con una energía palpable en el aire. Los aficionados se reunieron desde temprano en los alrededores del recinto, ansiosos por sumergirse en cuatro días de música y camaradería.
Alcest, la banda francesa de post-metal y blackgaze, fue la primera banda en destacar en el festival, actuando en el segundo escenario. Liderados por Neige, Alcest creó una atmósfera etérea con su música, transportando al público a un viaje sonoro con temas como “Autre Temps” y “Protection”. La combinación de guitarras envolventes y melodías melancólicas estableció un tono introspectivo para el resto del día.
La atmósfera cambió drásticamente cuando Behemoth tomó el escenario principal. La banda polaca de blackened death metal, liderada por Nergal, ofreció una actuación feroz y teatral. Con canciones como “Blow Your Trumpets Gabriel” y “Ora Pro Nobis Lucifer”, Behemoth envolvió a la audiencia en una oscuridad ritualista, acompañada por un espectáculo de luces y fuego que intensificó la experiencia. La precisión técnica y la intensidad emocional de la banda dejaron una impresión duradera en los asistentes.
Amenra, conocidos por su enfoque introspectivo y emocional del post-metal, continuaron con una actuación que fue tanto una experiencia sonora como visual. La banda belga, con el peculiar Colin H. van Eeckhout al frente, presentó temas como “A Solitary Reign” y “Diaken”, creando una atmósfera de catarsis y contemplación que trasciende a la propia música. El uso de visuales impactantes y la intensidad de la interpretación de Amenra resonaron profundamente con el público, proporcionando un momento de introspección en medio del caos del festival.
El punto culminante de la noche fue, sin duda, Ghost. La banda sueca, liderada por el carismático Tobias Forge, regresaba a Viveiro tras su concierto triunfal del 2019, cerrando el escenario principal del miércoles, con un espectáculo teatral y electrizante. Desde el inicio con “Kaisarion” hasta los himnos como “Square Hammer” y “Dance Macabre”, Ghost ofreció un setlist que abarcó su carrera y demostró su capacidad para mezclar lo oscuro con lo accesible. La puesta en escena, incluyendo sus carismáticos trajes y efectos especiales, sumergió a los asistentes en una experiencia casi religiosa. La combinación de música pegajosa y teatralidad hizo de su actuación un momento culminante del festival.
Día 2: La tormenta perfecta
El segundo día del Resurrection Fest continuó con una alineación impresionante que atrajo a una multitud aún mayor. Desde temprano, los fanáticos se reunieron en los distintos escenarios para disfrutar de una variedad de géneros que iban desde el metal progresivo hasta el rock clásico.
Alter Bridge subió al escenario principal al anochecer, ofreciendo un concierto cargado de emoción y poder. La banda estadounidense, liderada por Myles Kennedy y Mark Tremonti, comenzó su actuación con “Wouldn’t You Rather”, seguida por clásicos como “Isolation” y “Blackbird”. La interacción de Kennedy con el público y los solos de guitarra de Tremonti fueron momentos destacados que mantuvieron a la multitud completamente cautivada. El set concluyó con “Metalingus”, dejando a los asistentes con ganas de más.
Dvne, la banda escocesa de metal progresivo, ofreció una actuación hipnótica en uno de los escenarios secundarios. Con su enfoque en composiciones complejas y atmósferas expansivas, presentaron temas como “Asphodel” y “Sì-XIV”. La habilidad de Dvne para combinar pasajes pesados con momentos melódicos y ambientales creó una experiencia envolvente para los oyentes, destacando su talento en el género progresivo.
Elegant Weapons, la nueva banda formada por miembros de Judas Priest y Rainbow, atrajo una gran cantidad de curiosos y fanáticos del heavy metal clásico. Liderados por Richie Faulkner y Ronnie Romero, ofrecieron un set energético que incluyó temas originales como “Do or Die” y “White Horse”, así como clásicos de sus bandas anteriores. La habilidad musical y la presencia escénica de Elegant Weapons hicieron de su actuación un punto destacado del día.
1000 Mods, la banda griega de stoner rock, llevó su sonido pesado y psicodélico al escenario, ofreciendo una actuación llena de riffs potentes y grooves hipnóticos. Con canciones como “Claws” y “Vidage”, 1000 Mods logró captar la atención de los asistentes y mantenerlos moviéndose al ritmo de su música. La energía cruda y la actitud despreocupada de la banda resonaron fuertemente con el público, consolidando su posición como una de las bandas más emocionantes del género.
La noche alcanzó su punto culminante con la actuación de Pantera, un evento que muchos consideraron el mejor concierto del festival. Este regreso histórico de Pantera a los escenarios, tras años de ausencia, fue un acontecimiento trascendental. Con Rex Brown y Philip Anselmo liderando la formación, acompañados por Zakk Wylde en la guitarra y Charlie Benante en la batería, la banda ofreció un set lleno de clásicos que hicieron vibrar a todos los presentes.
Desde los primeros acordes de “Cowboys from Hell”, el público estalló en euforia. La actuación incluyó temas icónicos como “Walk”, “I’m Broken” y “This Love”, que resonaron por todo el recinto, creando una atmósfera de celebración y nostalgia. El tributo a los fallecidos miembros originales, Dimebag Darrell y Vinnie Paul, fue un momento emotivo que unió a todos en un sentido de comunidad y respeto. El concierto de Pantera no solo fue un homenaje a su legado, sino también una demostración de que su música sigue siendo tan poderosa y relevante como siempre.
Día 3: La oscuridad y la brutalidad
El tercer día del Resurrection Fest estuvo marcado por la presencia de bandas más extremas y oscuras, ofreciendo una jornada llena de intensidad y técnica musical.
Brutus, la banda belga de post-hardcore, subió al escenario temprano, entregando una actuación cargada de emoción y energía. Liderados por la batería y voz de Stefanie Mannaerts, Brutus ofreció un setlist que incluyó temas como “War” y “Cemetery”. La intensidad y pasión de su interpretación, combinada con la habilidad técnica de cada miembro, hicieron de su actuación un comienzo poderoso para el día.
La noche continuó con una de las bandas más esperadas del festival, Meshuggah. Con su característico sonido polirrítmico y su precisión técnica, la banda sueca de metal extremo ofreció un concierto que dejó a todos boquiabiertos. Temas como “Bleed” y “Demiurge” demostraron por qué Meshuggah es considerada una de las bandas más innovadoras del género. La complejidad de sus composiciones y la ferocidad de su interpretación crearon una experiencia auditiva única, consolidando su reputación como maestros del metal técnico.
El caos organizado continuó cuando Slipknot subió al escenario. La banda de Iowa, conocida por sus intensas actuaciones en vivo y su estética oscura, volvía a Galicia para ofrecer un espectáculo que fue tanto una experiencia visual como auditiva. Con una energía frenética y una ejecución impecable, Corey Taylor y compañía desataron una tormenta sonora con temas como “Psychosocial”, “Duality” y “Before I Forget”. El caos sobre el escenario, combinado con la participación activa del público en mosh pits y crowd surfing, hizo que el concierto de Slipknot fuera uno de los momentos más memorables del festival.
Día 4: El apoteósico final
El último día del Resurrection Fest 2023 ofreció una diversidad de estilos y emociones, cerrando el festival con actuaciones memorables y una energía contagiosa.
Sangre de Muérdago, la banda gallega de folk oscuro, abrió la jornada con una actuación íntima y emotiva. Con su mezcla de instrumentos tradicionales y melodías melancólicas, presentaron un set que incluyó temas como “A Traves do Tempo” y “Noite”. La conexión de la banda con la tierra y su habilidad para evocar emociones profundas resonaron con el público, creando un comienzo tranquilo y reflexivo para el día.
La energía se incrementó notablemente con la llegada de Soulfly al escenario. Liderados por el carismático Max Cavalera, Soulfly ofreció un concierto lleno de agresividad y ritmo. Con temas como “Back to the Primitive” y “Eye for an Eye”, la banda desató un torrente de riffs pesados y percusiones tribales que hicieron que el público se moviera sin parar. La mezcla de elementos de metal y música mundial de Soulfly creó una experiencia dinámica y vibrante.
Parkway Drive tomó el escenario más tarde, ofreciendo una actuación que fue tanto poderosa como emocional. La banda australiana, conocida por su metalcore melódico y enérgico, presentó un setlist que incluyó éxitos como “Carrion”, “Wild Eyes” y “Bottom Feeder”. La intensidad de su música, combinada con la pasión de la interpretación de Winston McCall, resonó profundamente con los asistentes, creando un ambiente de camaradería y celebración.
El cierre del festival estuvo a cargo de Mono, la banda japonesa de post-rock. Con su enfoque en composiciones largas y atmosféricas, Mono ofreció una actuación que fue tanto hipnótica como emotiva. Temas como “Ashes in the Snow” y “Halcyon (Beautiful Days)” llevaron a los asistentes a un viaje sonoro que combinó momentos de tranquilidad con explosiones de sonido épico. La habilidad de Mono para crear paisajes sonoros expansivos cerró el Resurrection Fest 2023 con una nota de introspección y belleza.
A por el 2024
El Resurrection Fest 2023 no solo cumplió, sino que superó las expectativas de todos los presentes. Con una alineación de artistas de primer nivel y actuaciones memorables, se consolidó como un evento imprescindible para los amantes del metal y el rock. Desde la introspección etérea de Alcest hasta la brutalidad técnica de Meshuggah, pasando por la emotividad histórica del regreso de Pantera, cada banda dejó una huella imborrable.
La organización del festival también merece un reconocimiento por su impecable logística, que permitió que todo se desarrollara sin contratiempos, garantizando la seguridad y comodidad de los asistentes. Viveiro, una vez más, se convirtió en el epicentro de la música extrema, atrayendo a una comunidad global de fanáticos que compartieron su pasión y entusiasmo por cuatro días inolvidables.
El Resurrection Fest 2023 será recordado como una edición legendaria, no solo por los increíbles conciertos, sino también por el espíritu de camaradería y amor por la música que impregnó cada rincón del festival. Con expectativas ya altas para futuras ediciones, los fanáticos del metal y el rock de todo el mundo ya están ansiosos por lo que el Resurrection Fest 2024 tiene preparado.
Cuando nos enterábamos allá por el mes de diciembre del año pasado, de que el Hellfest acogería en su recinto, un día antes de su celebración, al Knotfest, los Pelletiers nos pusimos manos a la obra para preparar la expedición hellfestera más larga hasta la fecha (4 días de festival seguidos y 6 fuera de casa). Continuar lendo
Festival de Pardiñas, agosto de 2015. En plena algarabía etílica, un ilustre Pelletier inicia una encendida perorata sobre un tipo que vive en Malasaña y hace versiones de Rainbow y Deep Purple: “¡Ese tío borda los temas de Dio! ¡Podría cantar con los mismísimos Rainbow!” Suena exagerado, la verdad. Pero la exageración, dicha con estilo, siempre es hermosa.