
Hace unos años, cuando a un servidor le pedían que pensara en algo grande en la Península, había dos opciones: o que los mandara a la mierda, o que pensara en Fernando Romay. Pero esto cambió mucho y de repente, justo con el nacimiento del Resurrection Fest. Ahora ya podemos decir que de verdad hay algo grandísimo en nuestro país.











